Entre las viudas

O.G. y N.C.

Jun 22, 2021
“Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa.” Salmo 68:5 NVI  Se define grupos marginados como parte del grupo social de personas que no están integradas en la sociedad a causa de la falta de trabajo, vivienda o medios económicos y la escasa posibilidad de alcanzarlos para Jesús. […]
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“Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa.”

Salmo 68:5 NVI

 Se define grupos marginados como parte del grupo social de personas que no están integradas en la sociedad a causa de la falta de trabajo, vivienda o medios económicos y la escasa posibilidad de alcanzarlos para Jesús.

 El gran reto que tiene el cristianismo en este tiempo es cómo llegar a los marginados y refugiados de este mundo.

 Se estima un máximo histórico de refugiados y desplazados en el mundo de unos 79.5 millones de habitantes.

 A veces, ser refugiado no es el único problema. A ello se añaden situaciones de malnutrición, pues el 80% de las personas desplazadas en todo el mundo acaban en países o territorios afectados por la inseguridad alimentaria y que están inmersos en graves amenazas climáticas o sufren desastres naturales.

 También hay millones de personas apátridas a quienes se les ha negado una nacionalidad y acceso a derechos básicos como educación, empleo y libertad de movimiento. Entre ellas hay casi 26 millones de personas refugiadas, más de la mitad menores de dieciocho años. ¿Qué nos indica el Señor para para que podamos atender a los olvidados del mundo?

 En uno de nuestros viajes visitamos dos viudas sirias. Se trataba de unas hermanas de 37 y 38 años que perdieron a sus esposos en la guerra. Entre las dos tenían ocho hijos, uno de ellos enfermo de cáncer. Huyeron de la guerra, luego del campamento de refugiados y ahora viven juntas en un pequeño apartamento. Fuimos a llevarle algunos víveres para que se alimentaran durante un mes estas 10 personas. Nos recibieron con mucha alegría, y la paz que proyectaban era impresionante. Esta familia enfrenta un futuro completamente incierto. Podríamos decir que no hay futuro para ellos. Las Naciones Unidas les ayudan con una pequeña aportación mensual en forma de “cupón”. Cuando reciben esta ayuda venden el «cupón» que les entregan para poder pagar el apartamento donde viven. Por su condición de viudas refugiadas no tienen derecho a trabajar para poder sostener a sus hijos.

 Mientras tomamos el té y escuchábamos sus historias me sentía devastado. En mi interior oraba al Señor, ¿Qué hago? Le preguntamos si tenían la posibilidad de salir a otros países. Nos dijeron que podrían ir a Canadá, pero esto significaría que tendrían que separarse y por esa razón descartan esa opción. Argentina les abre las puertas, pero la operación de traslado saldría en unos 15 mil dólares. Si solicitan el pasaporte sirio inmediatamente las Naciones Unidas suspenden la ayuda económica y no tendrían el dinero para pagar el apartamento. Si no pagan el apartamento la única alternativa que les queda es regresar al campamento de refugiados. Nos dicen, con el corazón en la mano, que en los campamentos hay mucha violencia y perderían a sus hijos. Es una escena muy parecida a la viuda de Sarepta y el profeta Elías (1 Reyes 17:7-24). Luego en 2 Reyes 4:1-4 el profeta Eliseo se encuentra con otra viuda y le pregunta: “¿qué puedo hacer por ti?” La viuda le responde que no tiene nada. Inmediatamente, Eliseo le da las instrucciones para poder obtener ganancias con que sostenerse.

 Los evangelios narran como Jesús observaba en el templo a la gente e inmediatamente se fija en una viuda y su insistencia en ser atendida. «En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: “Hágame usted justicia contra mi adversario” (Lucas 18:3 NVI). Jesús se preocupa por las viudas y los huérfanos.

 Las Escrituras establecen las órdenes claras de cómo ayudar a los pobres, viudas y huérfanos. Salmo 68:5 NVI “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa. Dios da un hogar a los desamparados y libertad a los cautivos; los rebeldes habitaran en el desierto.”

 Órdenes del Señor: Deuteronomio 10:19 NVI “Así mismo debes tu mostrar amor por los extranjeros, porque también tú fuiste extranjero en Egipto.” Los pobres del mundo: Deuteronomio 15:11 NVI “Gente pobre en esta tierra, siempre la habrá; por eso te ordeno que seas generoso con tus hermanos hebreos y con los pobres y necesitados de tu tierra.”

 Ante tan urgente necesidad vuelvo a preguntar, ¿qué hago Señor?  Retumba como un trueno en mi corazón este versículo: “Él les responderá: Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí.” (Mateo 25:45 NVI) ¡Que fuerte este reto que el Señor nos ha puesto!

 Nos despedimos tomados de las manos para orar en el nombre del Mesías, porque este Mesías es el que ha estado caminando entre las viudas, huérfanos y refugiados en este país.

 Jesús rompe con todos nuestros conceptos de lo que es el triunfo. El mandato de Jesús es que dejemos las noventa y nueve, y corramos en busca de la perniquebrada.

 Trabajando juntos para que se cumpla el sueño de Dios “que todos los pueblos le alaben”.

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